La melodía de la luz

«El silencio era el alimento que buscaba, silencio y solo campo – árboles, prados, colinas, aire libre-. Había ido buscando aire, luz, espacio y ahora veía que era exactamente lo que la casa tenía para darme. La luz era mágica. Incluso después de todos estos años, todavía me sorprende que la luz cambie con cada hora del día y cada estación. Durante todos aquellos días me parecía una verdadera revelación el hecho de que la luz del sol rozara un ramo de flores o un mueble y después continuara su camino (…) Esa luz cambiante y fluida interpretaba una fuga constante y silenciosa, pero en aquellos primeros días todavía tenía que aprender lo diferente que era su melodía según iban y venían las estaciones. En enero y febrero la luz brillaba como nieve reflejada en las paredes blancas. En verano la luz se vuelve verde; las sombras se tornan difusas. Mi primera experiencia de aquello, por supuesto, fue en octubre y en octubre una tenía la vista puesta fuera, para mirar arriba las copas abrasadas de los arces dorados, por la mañana temprano, por entre los prados cubiertos de escarcha».

Este es un fragmento de la deliciosa novela de May Sarton, Anhelo de raíces (Gallo Nero), relato autobiográfico que recoge las reflexiones del íntimo proceso de convertir una casa en hogar, de los pequeños detalles, de la naturaleza, de los recuerdos, el silencio, los rituales cotidianos, el proceso creativo.

En una época tan retadora como la que estamos viviendo, este libro me ha resultado un bálsamo que me ha recordado la importancia de valorar y fijarnos en los pequeños detalles, en intentar ir despacio en este mundo de locos, tomarnos nuestro tiempo, mirar adentro y disfrutar de las pequeñas cosas.

Detalles cotidianos como la luz cambiante a lo largo del día, una paseo al atardecer, una puesta de sol como las que nos está regalando este otoño. Observar el paso de las estaciones en su incesante fluir cíclico y los cambios que se producen en el paisaje -los que tienen la surte de vivir cerca de la naturaleza aquí tienen una gran ventaja.

Estos días de rutinas alteradas y futuro incierto intento no perderme ni un atardecer. Los colores con que se tiñe el cielo conforman una paleta de colores y luces de una gran belleza. Deleitarnos en el espectáculo de la Naturaleza, he aquí un formidable plan que siempre tendríamos que tener presente.

No he terminado el libro todavía, sigo con su lectura y lo voy subrayando sin cesar. No será la última vez seguramente que haga referencia a este relato.

Deja un comentario