2020, ¿año para olvidar o para recordar?

El año está llegando a su fin. Posiblemente en pocas ocasiones la opinión es tan unánime como esta vez. La mayoría desea despedir este año cuanto antes, deshacerse de él y olvidarlo rápidamente.

Sin embargo, esto me ha llevado a pensar, ¿quiero realmente olvidarlo, o en realidad recordarlo para siempre?. Seguramente, aunque queramos, no olvidaremos nunca lo vivido este año, la excepcionalidad de la situación, el ver como lo inimaginable volteaba nuestras vidas.

Pero lo cierto es que no quiero olvidarlo. Es en momentos de crisis, de ruptura, de trauma, cuando aprendemos, cambiamos, reflexionamos, nos cuestionamos. Es en estos momentos cuando parece que todo se desploma a nuestro alrededor que sacamos a relucir nuestra fuerza y resiliencia.

Una época en que nos hemos visto obligados a detenernos, y las pocas certezas que ya teníamos se han acabado de desmoronar.

A nivel personal es un año en que me he cuestionado como nunca, me he interpelado, me he empezado a escuchar. He aprendido a valorar lo importante. Nada nuevo, pero qué fácilmente se olvida cuando la rueda de la rutina no se detiene ni un instante. Y pienso que no soy la única.

Unos meses en que me he reencontrado con antiguas ilusiones y he dejado aflorar otras. He dado espacio a lo poco probable, a lo sorprendente, a lo nuevo. Unos meses cargados también de incertidumbre, que sigue estando presente, pero que poco a poco voy aprendiendo que es una compañera de viaje con la que debemos acostumbrarnos a lidiar.

Así que no olvidemos y quedémonos con lo aprendido, que este año de eso ha habido mucho.

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