Lugares donde el tiempo se detiene

Este verano ha sido muy diferente. La incertidumbre, las dudas, el miedo han estado y siguen omnipresentes. Un verano donde hemos tenido que adaptarnos y modificar costumbres, redescubrir lugares, valorar la cercanía.

Pero lo cierto es que en este redescubrir ha habido espacio también para la sorpresa y la novedad. Dar con lugares próximos que desconocíamos y que hace que nos preguntemos cómo es que nunca habíamos estado o nunca hubiéramos oído hablar de ello.  

Esto es lo que sentí la semana pasada al dar casi por casualidad con Viladellops, un pequeño núcleo en medio del Macizo del Garraf rodeado de viñedos, a 45 km de Barcelona.

Cuando digo pequeño me refiero a verdaderamente pequeño pues el pueblo está formado por un conjunto de unas 18 casas o masías que parecen sacadas de un cuento y que giran alrededor de la actividad vinícola. Y en el centro, la Finca Viladellops, bodega propiedad de la familia Desvalls que elabora vino desde finales del siglo XIX.

Después de algunos años de parón la actividad ser recupera en 1999, momento en que dan un cambio apostando por la viticultura moderna.

Organizan diferentes tipos de visita, así como eventos para empresas y también ofrecen servicio de alojamiento.

Todo esto lo supe unas horas después, pues tenía tanta curiosidad de conocer qué era aquel pequeño municipio y a quién pertenecía la finca principal, que me puse a investigar un poco. Tengo curiosidad por el origen del nombre…tendré que seguir investigando.

Hay también un centro que conserva el Archivo de la Familia Desvalls, así como una ermita románica y una torre del siglo XI.

Todo el conjunto conserva una atmosfera de pueblecito de hace 100 años, pues han preservado la arquitectura típica de la zona, con sus casas blancas, sus cubiertas de tejas marrones, los relojes de sol en las fachadas y los pequeños balcones con cortinajes de tela.

Lo cierto es que la experiencia de dar con Viladellops casi al azar, llegar a través de un camino entre viñas y disfrutar de este pequeño oasis de calma será un buen recuerdo de este verano tan extraño.

Posiblemente la experiencia sea diferente según la época del año o el momento del día. Imagino que habrá momentos de laborioso trabajo, jornadas de mucho movimiento, con tractores y vehículos trasladando la uva arriba y abajo. Pero el momento en que lo viví, un relajado domingo cualquiera, con su ritmo pausado, al atardecer, con la luz dorada tiñéndolo todo, tuvo su magia. Y ahora, más que nunca, se agradece.