Creo que muchos tenemos al menos un lugar en el mundo que consideramos un poco nuestro. Al que volvemos una u otra vez, o nos gustaría hacerlo – pues quizás no siempre resulta sencillo volver cuando quisiéramos.
Un lugar con el cual sentimos una vinculación especial, ya sea por los recuerdos que nos trae a la memoria, por su arquitectura, su luz, su gente…. A veces no sabemos exactamente el porqué, pero notamos perfectamente el hilo que nos ata a aquel lugar.
Su poder de atracción nos atrae tan fuerte que no tenemos escapatoria.
Este es un poco el sentimiento que tengo con Venecia.
Sí, Venecia, la ciudad de los canales asociada al turismo de masas, al colapso generado por los visitantes de día, al crecimiento de los cruceros, la especulación inmobiliaria, …
Todo esto existe, es real…y es indudable que se deben tomar medidas. Aunque hablar de turismo de masas en estos momentos que vivimos de lleno el impacto del COVID-19 parece una cuestión medio olvidada.
Pero, más allá de todo esto…
Hay una Venecia que se descubre cuando te pierdes y dejas el mapa de lado
Una Venecia de los patios escondidos y las estrechas calles sin salida
Una Venecia que se extiende más allá de Piazza San Marcos
Una ciudad de los mil reflejos, de la luz y los colores cambiantes, de la ropa tendida
Una ciudad con el repicar constante de las campanas
Una Venecia con un pasado imponente, que alberga un legado artístico y patrimonial incalculable
Una Venecia de ritmo lento, pausado, como suspendido en el tiempo
Una Venecia nebulosa, húmeda, silenciosa, oscura
La Venecia de cuando se pone el sol y todos los cruceristas desaparecen, ignorantes que se pierden los momentos más mágicos
Una Venecia de voces graves en un dialecto, el veneciano, prácticamente ininteligible
La Venecia de alguno de los pocos astilleros que se conservan donde fabrican las góndolas de forma artesanal
Hay una Venecia cotidiana, con los comerciantes abriendo diariamente sus negocios, los niños jugando a la salida de la escuela, gente mayor cruzando trabajosamente alguno de los innumerables puentes
Una Venecia donde de noche los pasos se acercan y desaparecen resonando en el silencio de una ciudad sin coches
Una Venecia jovial de terrazas repletas en Campo Santa Margherita donde se reúnen los estudiantes a tomar un Spritz a la salida de la Universidad
He visitado Venecia varias veces…desde una primera visita de escasas horas, hasta una estancia que se alargó casi 4 meses (gracias a unas prácticas en la Peggy Guggenheim Collection, pero esto da para otro post).
En todas estas ocasiones he acabado descubriendo rincones y lugares que no conocía, me he perdido de nuevo, he llegado a puntos sin salida, he sonreído al caer otra vez en la cuenta que la ciudad es inabarcable y siempre te acaba sorprendiendo, me he sentido inspirada y fascinada, y he lamentado no quedarme más tiempo para conocer aquellos lugares que sigo teniendo pendientes.
No puedo evitar reírme de forma un poco burlona, lo reconozco, cuando oigo que Venecia es una de las ciudades más románticas del mundo.
Es indudable que cada cual tiene su propia experiencia…pero para mí no puede haber una ciudad menos romántica que Venecia. Para mi Venecia es nostálgica, melancólica, decadente, fascinante, opresiva, evocadora, plácida, contradictoria, te atrapa…. Y todo ello le confiere esa belleza única.
Me fascina la Venecia escondida, la de los canales y callejones apartados; la Venecia laberíntica; la Venecia histórica; la Venecia cotidiana; la Venecia de artistas como Tintoretto, Tiziano, Veronés; me fascina su luz; me fascina la Venecia que se esconde detrás de las fachadas de los palacios; la Venecia que resiste.
La última vez que visité la ciudad fue hace 3 años, coincidía con el Festival de Cine y la Bienal de Arte. Creo que iría tocando una nueva visita. Las restricciones de movilidad derivadas del COVID-19 no hacen más que incrementar el deseo de viajar. Paciencia por ahora.
* Las imágenes han sido tomadas a lo largo de los años en los diferentes viajes, con teléfono móvil o antiguas cámaras…La calidad supongo que no es la mejor, pero sí los recuerdos que me evocan.






















