Que el futuro es incierto es una obviedad. Vivir es eso, aprender a lidiar con lo inoportuno, con aquello que no esperábamos y nos pone de golpe la vida del revés, con los imprevistos que nos recuerdan que la vida no sigue siempre el camino que queríamos, que habíamos previsto y/o deseábamos.
La vida es eso, afrontar lo incierto. La vida es incierta por naturaleza.
Pero, ¿éramos 100% conscientes de ello? ¿Nos habíamos detenido realmente a pensarlo, a reflexionar de verdad sobre ello?
Quizás únicamente lo recordamos cuando la vida nos golpea, nos sacude, nos zarandea….cuando surge una curva pronunciada en nuestro camino que nos obliga a hacer una parada en el recorrido. Aunque bien mirado, en cierta manera quizás es mejor que así sea y nos olvidemos de ella y nos sintamos un poquito pequeñ@s dios@s 100% dueñ@s de nuestro destino.
En mi caso, mi carácter nostálgico me ha llevado -y ahora más que nunca- a muchos momentos de introspección, y sumado a un camino profesional que no se ha caracterizado precisamente por la estabilidad, en muchas ocasiones he sentido el peso de la incertidumbre.
Pero días como hoy dudo de si he aprendido ni que sea ligeramente como afrontarlo o convivir con ello, si he aprendido a lidiar y convivir con esta incertidumbre que a menudo ha hecho perderme el presente.
Pues últimamente hay momentos en que el sentimiento de vacío, de duda, de enfado y de cierto miedo que encoge el pecho está más presente que nunca.
Pienso que nunca como ahora habíamos sido tan conscientes de la fragilidad del ser humano, de cómo nuestras vidas, rutinas y certezas podían cambiar drásticamente de un día para otro, de la fragilidad de nuestras costumbres más arraigadas, de la fragilidad de nuestro sistema económico.
Nunca como ahora nos habíamos afrontado como sociedad a un futuro tan cambiante e incierto.
Y todo esto pesa, hay días que pesa mucho.
En un momento en que el camino que muchos llevábamos ha sufrido un giro de 180 grados, siento que la bofetada ha sido considerable.
La incertidumbre también se puede vivir con ilusión claro, frente a lo incierto que se intuye de forma positiva, frente a las posibles oportunidades que se nos abren. Y hay algunos días, minutos, instantes pasajeros, que así lo siento, pero no siempre.
Me temo que todavía tengo mucho que aprender. Quizás simplemente hoy no tenga un buen día y mañana lo vea todo diferente.
Últimamente la vida también está siendo esto, un torbellino de emociones y sentimientos encontrados, contradictorios que conviven y se confrontan continuamente.
Seguramente he aprendido y hemos aprendido más de lo que nos creemos…seguramente lo estamos haciendo mejor de lo que pensamos.
En definitiva, acaso habíamos olvidado que la vida es eso, un continuo aprendizaje.